Comparaciones…

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Tabitha Vevers - Lover's Eye II

Nos comparamos con los demás cuando pensamos que ellos viven experiencias infinitamente superiores a las nuestras. Cuando percibimos que su vida personal y su vida profesional son mejores que las propias.

Nos comparamos con el pasado cuando consideramos que nuestro presente no está a la altura de todo aquello que hemos vivido a lo largo de nuestra vida. Cuando nos instalamos en el desencanto hacia el presente y en la melancolia en torno a tiempos pasados.

Nos comparamos con la perfección cuando estimamos que nuestra vida no se corresponde con esa imagen ideal que tenemos en la mente y cuando sufrimos por sentirnos lejos de aquellos modelos que asociamos al éxito.

Cuando nos comparamos nuestra cabeza se llena de conversaciones. Conversaciones en torno a las decisiones tomamos en el pasado y que nos alejaron de ese estado óptimo. Conversaciones sobre las acciones que podemos tomar en el futuro si estamos a tiempo de poder alcanzarlo. Nos obsesionamos con las alternativas que desaprovechamos en su día y con las posibilidades que se nos pueden abrir en el futuro

Sin embargo, en ambas ocasiones nos alejamos del presente. Dejamos de disfrutar todo lo que hemos conseguido y negamos las experiencias que sí están a nuestro alcance. Por si fuera poco, corremos el riesgo de adentrarnos en un estado mental negativo que nos lleva la insatisfacción, a la envidia y al resentimiento.

Las comparaciones forman parte de nuestra naturaleza humana. Es posible que la cola de al lado sea más rápida, o que el césped sea más verde al otro lado de la valla. Pero no se obsesione: nuestra tendencia a compararnos puede impedirnos apreciar aquellos regalos que sí nos ha concedido la vida. Y convertirnos en personas tremendamente infelices. 

Vía: Cartografía Emocional

¿Hacer cosas buenas nos da permiso para hacer otras que no lo son tanto?

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Quien no se dijo alguna vez “Me merezco comer este chocolate después de todo lo que hice”, o “Con lo bien que me manejé en esa reunión, puedo permitirme contestar mal: no tengo que ser perfecto” o “Caminé 20 cuadras, puedo comer una porción extra”.
 
Todos estos permisos que solemos darnos han sido objeto de investigación, ya que al parecer tienen una relación estrecha con acciones anteriores que hayamos realizado y consideramos positivas.
 
Una de estas investigaciones es la que se realizó en la Universidad Nacional Sun Yat-Senn de la Republica de China con un grupo de voluntarios. Todos eran fumadores, quienes debían responder a un cuestionario con preguntas que eran irrelevantes para el estudio ya que el mismo se basaba en ver qué sucedía con los participantes si antes habían realizado algo que consideraran positivo o beneficioso.
 
Antes de responder al cuestionario, todos los participantes tomaron un comprimido que era de azúcar. A la mitad de ellos se les informó la verdad y, a la otra, se le comunicó que se trataba de una dosis de vitamina C.
 
Asimismo, los investigadores les permitieron fumar mientras realizaban el cuestionario para que pudieran sentirse más tranquilos. Sin ninguna sorpresa, los científicos observaron que tal como lo esperaban los voluntarios que habían ingerido la supuesta dosis de vitaminas fumaron el doble de cigarrillos.
 
Wen-Bin Chiou, uno de los profesionales, consideró que de forma consciente, o inconsciente, quienes habían pensado que habían realizado anteriormente un acto saludable se permitieron fumar más.
 
Otro estudio de Bin Chiou, publicado en Psychological Science, y que aportó información sobre este tema, fue el realizado con un grupo de voluntarios a los cuales se los dividió en dos partes. A un grupo se le informó que tomaría un complejo multivitamínico y, al otro, un placebo, aunque la realidad fue que todos tomaron un placebo. Luego se siguió un registro con las conductas diarias de cada uno de los participantes.
 
Los resultados presentaron que aquellos que creyeron haber tomado el suplemento se sintieron invulnerables ante posibles riesgos en su salud y esto los llevó a realizar actividades más riesgosas, a cuidarse menos, a no hacer ejercicios o a disminuir sus sesiones de caminatas. A su vez,  ante la presencia de comidas sanas, productos orgánicos o un bufett de quesos y fiambres, la mayoría optó la comida menos sana.
 
Una nueva experimentación, liderada por Nina Mazar en la Universidad de Toronto, presentó la relación que existe entre los productos ecológicos y los consumidores. En el misma se observó que la mera exposición a productos ecológicos llevaba a las personas a actuar de un modo más altruista, que ante la exposición a productos tradicionales. Sin embargo, las personas actuaron de un modo menos altruista y con mayor tendencia a hacer trampas, después de comprar productos ecológicos, algo que no fue igual ante la compra de productos convencionales. Para Mazar, los estudios mostraron que el consumo está también conectado a los comportamientos sociales y éticos mucho más de lo que se pensaba.
 
Si bien todos los trabajos científicos necesitan de otros nuevos para confirmar y comprender sus resultados, con lo visto hasta el momento ya podemos poner en acción nuestra inteligencia reflexiva y preguntarnos: ¿Alguna vez me pasó? ¿Me doy permiso para actuar con menos valores, si he realizado cosas durante el día que considero positivas o buenas? ¿Me creo con derecho a no actuar con respeto, si como más sano que otros? Si la respuesta es sí, debemos poner en marcha nuestra capacidad de auto-observación; una capacidad primordial para crecer como mejores personas y, así, ajustar nuestros pensamientos justificadores, que siempre encuentran una razón para ayudarnos a no cambiar. Esta sensación de “me lo merezco” o “me lo gané” debería pasar por una evaluación más equitativa y reflexiva. Antes de actuar, deberíamos preguntarnos: ¿Me gané el derecho a no ser amable, debido a que actué bien en una reunión? o ¿Me merezco cuidarme menos porque tomé vitaminas?
 
Seguramente, luego de estas preguntas seremos más conscientes y la toma de decisiones que hagamos será mejor. En el caso de que no pudiéramos actuar de mejor manera, al menos habremos dado un gran paso, ya que sabremos que hacemos algo que no está bien y ése será el principio que me impulsará al cambio.
 
Fuentes:
  • Psychological Science - Ironic Effects of Dietary Supplementation -Illusory Invulnerability Created by Taking Dietary Supplements Licenses Health-Risk Behaviors - Wen-Bin Chiou, Chao-Chin Yang and Chin-Sheng Wan.
  • University de Toronto - Do Green Products Make Us Better People? Nina Mazar and Chen-Bo Zhong.
  • Investigación y ciencia - Edición española de Scientific American.

 

Vía Asociación Educar

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Documental “Retornando a la fuente. Filosofía y Matrix”

Documental inspirado en la exitosa película de los hermanos Wachowski y que enfoca el universo Matrix, desde una visión y análisis filosófico que aborda preguntas tan trascendentales como Quiénes somos, Dónde estamos, Existe el Libre Albedrío, Qué es nuestra “realidad”, Ilusión y Verdad?

Pornografía y descivilización. Cómo está afectando el “gran experimento porno” a los jóvenes

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imageImagen: Wikipedia
Aunque la pornografía tiene una vieja historia, y las prensas holandesas del siglo XVII ya hacían negocio distribuyendo libros obscenos por toda Europa, la normalización de la pornografia de masas, y en particular del porno digital, es una de las consecuencias modernas de la llamada a veces “revolución sexual” que ha conseguido erosionar algunas de las restricciones morales tradicionales sobre la expresión sexual.

En parte, sin embargo, el protagonismo de la moral tradicional en la crítica de la pornografía ha sido sustituido recientemente por la crítica feminista. MacKinnon y Dworkin en especial definieron la pornografía como “la subordinación gráfica y sexualmente explícita de las mujeres a través de imágenes y palabras“, “una forma de sexo forzado, una práctica de política sexual y una institución de la desigualdad de género”.

De acuerdo con el análisis feminista, el daño de la pornografía sobre los hombres y los chicos no es sólo invisible o inexistente, sino que la misma pornografía es definida como una institución “patriarcal” que explota sistemáticamente a las mujeres en beneficio de los hombres. La pornografía “contribuye causalmente a actitudes y conductas de violencia y discriminación” sistemáticamente dirigida contra las mujeres, nunca contra los hombres.

Este planteamiento se ha convertido casi en sabiduría convencional, pero se enfrenta con problemas importantes.

Las estrellas del porno son más felices 

En primer lugar, la afirmación de que la legalización de la pornografía influye causalmente en el aumento de crímenes sexuales, y de violaciones en especial, no ha podido ser probada contundentemente. Una síntesis de la cuestión publicada en 1999 de hecho llegó a la conclusión contraria de que el “incremento masivo en la pornografia disponible en Japón, los Estados Unidos y otros lugares está en correlación con un decrecimiento dramático de los crímenes sexuales y más aún entre jóvenes como perpetradores y víctimas”. Por lo que yo he podido averiguar, en cualquier caso no hay un claro consenso sobre la relación causal entre pornografia y delitos sexuales.

La idea de la pornografía como “explotación” patriarcal de las mujeres tampoco soporta el escrutinio empírico. Un estudio reciente (Griffith et al. 2012), que ha recibido una gran atención en los blogs y la prensa popular, cuestiona seriamente el estereotipo público de que las mujeres, o al menos las que participan activamente en la industria sexual, son “bienes dañados” por la pornografía. Comparadas con el grupo de control, las 177 profesionales femeninas del porno en este estudio no mostraron haber sido más vulnerables a abusos sexuales infantiles, y de hecho informaron de una mayor autoestima personal, sentimientos positivos, apoyo social, “espiritualidad” y satisfacción sexual. Significativamente, resultados similares también se han documentado en profesionales masculinos. Tanto los hombres como las mujeres que se dedican profesionalmente al porno, al menos en su versión más comercial (las cosas podrían ser bastante distintas en formas de porno extremo), parecen ser más “sociosexuales” y tener un mayor grado de satisfacción vital.

Otra cosa son los efectos potencialmente adversos de la pornografía en los consumidores, especialmente en los hombres y en los chicos en el mundo del porno masivamente disponible, a la distancia de un sólo “clic”.

El “gran experimento porno” 

Hay distintas evidencias de que, de hecho, los chicos son más vulnerables a la pornografía masiva. Y la razón básica es que los chicos están mucho, mucho, mucho más interesados por el sexo en general. Los hombres se masturban más que las mujeres, rechazan menos ocasiones sexuales y están más motivados para el sexo casual (para una síntesis: Baumeister et al. 2001), especialmente con mujeres más jóvenes que ellos. Se ha propuesto informalmente el término “koreogamia”, del griego kore, doncella, para describir esta preferencia. Experimento casual: ¿a algún hombre no le agrada la chica que aparece en la portada en este post? ¿Cuántos rechazarían la ocasión de sexo casual con ella?

Claramente, la industria pornográfica satisface algunas de estas preferencias masculinas naturales, o las suplanta, aunque sus efectos no son inocuos. 

Al intentar explicar las causas sobre el “declive de los chicos”, visible en el aumento del fracaso escolar masculino en los últimos años, o en el apreciable deterioro de las relaciones íntimas, el psicólogo Philip Zimbardo señala directamente como causas al exceso de uso de internet, de los videojuegos y la pornografía. Tanto los videojuegos como la pornografía operan como “drogas de excitación” basadas en la novedad y se calcula que un chico promedio ve alrededor de 50 videos pornográficos cada semana.

Otro psicólogo, Gary Wilson, considera que la masiva disponibilidad de pornografía a través de internet hace que estemos viviendo un “gran experimento porno”. La razón es que no existe ningún “grupo de control” con el que comparar los efectos diferenciales de la pornografía: virtualmente todos los chicos con acceso a internet buscan pornografía a partir de los 10 años de edad. Por esto no podemos estar del todo seguros sobre cuáles son específicamente los efectos del porno, si bien existen ya evidencias sobre los efectos de la pornografía en casos de disfunción eréctil.

Eso sí, sabemos que el éxito del porno basado en novedades excitantes no es “cultural”, descansa en un mecanismo biológico ancestral, descrito en casi todos los mamíferos, el “Efecto Coolidge”, de acuerdo con el cual “los machos (y en menor medida las hembras) “exhiben un interés sexual renovado si se les presentan nuevas compañeras sexuales receptivas”. Sin este efecto evolutivo, el porno digital no existiría.


imageGary Wilson: “En diez minutos, cualquier usuario de internet puede ver 
más tias buenas que cualquier antepasado suyo en varias vidas. El 
problema es que sigue teniendo un cerebro de cazador recolector”
Wilson piensa que el consumo de porno podría ser algo así como una versión extrema de las recompensas naturales capaces de secuestrar los circuitos de nuestro cerebro, llegando a erosionar seriamente nuestra fuerza de voluntad localizada en la corteza prefronal, de un modo paralelo a las demás adicciones.

Dado que prácticamente no existe un grupo de control “natural” de hombres que no consumen pornografía, el único modo de comparar los efectos adversos de la pornografía, en un contexto de disponibilidad masiva, es ver cómo les va a los chicos que deciden abandonar el consumo voluntariamente. En internet ya hay distintos foros de personas “libres de pornografía”. Y, por lo menos para algunas, el experimento a la contra parece estar funcionando.


Referencias: 

Baumeister, RF, Catanese, R, Vohs, KD. (2001) Is There a Gender Difference in Strength of Sex Drive? Theoretical Views, Conceptual Distinctions, and a Review of Relevant Evidence. Personality and Social Psychology Review. Vol. 5, No. 3, 242–273


Griffith JD, Mitchell S, Hart CL, Adams LT, & Gu LL (2012). Pornography Actresses: An Assessment of the Damaged Goods Hypothesis. Journal of sex research PMID: 23167939

 

Vía La Revolución Naturalista

 

Los hombres serían menos empáticos que las mujeres porque se inhiben

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Numerosos estudios han demostrado que las mujeres experimentan mayores niveles de empatía que los hombres. Por primera vez, investigadores de la UNED han analizado si estas diferencias responden a que ambos tengan un modelo mental diferente para desarrollar esta capacidad. 

“Los análisis muestran que la estructura de los factores psicológicos que componen la empatía resulta idéntica en ambos géneros, es decir, hombres y mujeres entienden la empatía de manera semejante”, explica Begoña Delgado, investigadora de Psicología Evolutiva y de la Educación de la UNED y una de las autores del trabajo, en la información de divulgaUNED

No obstante, “seguimos encontrando que ellas siguen siendo mucho más sensibles a manifestar esta experiencia”, añade Delgado. De esta forma, el estudio revela que las mujeres muestran mayores niveles en todos los rasgos que componen la empatía, salvo en la impasibilidad. 

El trabajo, publicado en la revista Child Psychiatry & Human Development, se llevó a cabo con 721 adolescentes españoles, de entre 9 y 16 años, de colegios públicos y concertados de la Comunidad de Madrid. 

A todos ellos se les aplicó la herramienta más utilizada para medir la empatía, el Interpersonal Reactivity Index, que evalúa tanto sus aspectos mentales –entender cuál es el punto de vista del otro– como emocionales –la capacidad de sentir lo que experimenta la otra persona–. 

“La impasibilidad es el único factor de primer orden capaz de discriminar entre hombres y mujeres”, añade la investigadora. Así, este rasgo es mucho más informativo sobre el género de la persona evaluada que la información que se pueda recabar sobre cualquiera de los factores positivos que componen la empatía, como son la empatía virtual, intelectual, emocional positiva y emocional desorganizada.
De la falta de empatía al acoso escolar 

Este papel de la impasibilidad podría suponer que las diferencias de género en cuanto a empatía se deban más a la posibilidad de inhibir los factores que la desencadenan –y que hacen a la persona ser más indiferente– que a los factores que permiten experimentarla. 

En el origen de la inhibición estaría tanto el tipo de educación que reciben niños y niñas como diferencias relacionadas con el funcionamiento endocrino y neurológico de ambos, entre los que se incluye el temperamento. 

“El resultado puede estar muy relacionado con los mayores niveles de conductas antisociales y agresivas que se dan en los varones y que son incompatibles con la empatía”, sugiere Delgado. 

Un ejemplo son los episodios escolares de acoso escolar (bullying), que se producen cuando no existe empatía. “Si el otro no te importa lo utilizas en tu propio beneficio o para divertirte”, indica Victoria del Barrio, investigadora de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la UNED y otra de las autoras del estudio. 

En vista de estos resultados, los investigadores proponen que se preste especial atención a conductas en niños que puedan alertar sobre niveles excesivos de impasibilidad.
Referencia bibliográfica: 

Francisco Pablo Holgado Tello, Begoña Delgado Egido, Miguel A. Carrasco Ortiz, M. V. Del Barrio Gandara.Interpersonal Reactivity Index: Analysis of Invariance and Gender Differences in Spanish YouthsChild Psychiatry & Human Development (2013). DOI 10.1007/s10578-012-0327-9

Crispación emocional en los políticos

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imageVarios analistas han aludido al clima político de las últimas semanas hablando de crispación o de clima enrarecido. No habría dificultades si ello fuese una tensión puntual y de efectos efímeros. El problema es que a raíz de este clima constreñido se hacen pronósticos de guerra entre partidos y bloques, anticipando una campaña presidencial con más descalificaciones, ataques y exacerbaciones emocionales que lo habitual en estos períodos de tanta promesa vana, tanta mentira calculada para un electorado específico y tanto frase vacía y carente de convicción para ganar esos votos de centro que le faltan a casi todos. El período de las palabras a medias.


Hagamos una distinción de entrada. No es lo mismo estrategia que intención estratégica. Los candidatos diseñan estrategias de campaña. Una estrategia es el plan para alcanzar los objetivos. Se asume que es racional, analítica y lúcida. Sin embargo, la intención estratégica, el norte hacia el cuál dirigir la estrategia, es construida desde la emoción. Los sueños, la imaginación, el motor de las mejores ideas y la energía para las acciones derivan de la emoción, que guía la intención estratégica.  

Las dificultades aparecen cuando se cree que se tiene una estrategia racional y no se asume la emocionalidad de la intención estratégica y su fuente subjetiva. Los candidatos defienden sus ideas, visiones de mundo y sus valores desde lo que emocionalmente representan para ellos, pues su identidad y la de su grupo de referencia se articulan desde la necesidad de seguridad afectiva y pertenencia social.

Las candidaturas son construidas en primer lugar desde la emoción y ganará el que mejor toque el corazón de sus electores. Los programas de gobierno son esenciales para conocer las ideas y proyectos concretos, pero no son los que ganan la subjetividad emocional y el voto de las personas. Las personas queremos liderazgos confiables y creíbles, y eso deriva del vínculo emocional que cada persona construye con los candidatos.

¿Qué climas emocionales quiere la mayoría de las personas? La psicología confirma un hallazgo sencillo y que muchos olvidan: queremos tranquilidad, espacios emocionales positivos y pacíficos, y no vivir amenazados, estresados o agredidos. Cuando se habla de hacer cambios, ellos requieren la mantención de lo ya construido. O si se prefiere, la primera función del cambio es mejorar lo ya alcanzado, sin destruir lo previamente conseguido. Interesante balance: conservación y cambio como ejes de lo humano. 

Se entienden los períodos de conflictividad como necesarios para generar quiebres, levantar temas y avanzar hacia mejores soluciones. El cerebro humano opera con el principio de economía mental y emocional. Reducimos la realidad a pocas ideas y pocas emociones, las que nos den tranquilidad. ¿Quién, en su sano juicio, quiere vivir permanentemente en climas de crispación, tensión y emociones negativas?

La psicología positiva descubrió las espirales ascendentes y descendentes. Quien promueve experiencias y emociones positivas genera pensamientos más amplios y optimistas, buen uso de las capacidades personales y de equipo, capacidades de acción aumentadas y efectividad de resultados. Llevado al clima político, electoralmente rendirá más el equilibrio, la prudencia, la promoción de la confianza, no entrar en agresiones cruzadas ni en descalificaciones, y el silencio o la ambigüedad ante los ataques de los otros.

Los que invitan a emociones negativas producen pensamientos restringidos y acotados, exacerban la subjetividad y la confusión en las interpretaciones de la realidad, hacen mal uso de las capacidades personales, muestran capacidades de acción erráticas y desfocalizadas, y producen resultados inefectivos. 

Esta espiral descendente es la que deben evitar los candidatos en este año electoral, por lo que cualquier estrategia que promueva el miedo, la sospecha y la desconfianza, que use el ataque como forma de diferenciación y que no dialogue ni quiera construir atmósferas tranquilas, tiene alta probabilidad de perder electoralmente.

La crispación emocional no es rentable electoralmente ni deseada por los mecanismos de la mente humana. La promoción de la tranquilidad, de lo positivo, y del marcar diferencias desde la exaltación de las ideas propias y con respeto emocional hacia el adversario es lo que rendirá frutos con la mayoría de las personas. No sólo en las elecciones. Funciona igual en la pareja, la familia, el trabajo y la comunidad.

Vía Ignacio Fernández

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Peter Senge y su definición del liderazgo.

De la visión individual a la colectiva sobre el liderazgo efectivo, y desde los héroes por sus acciones o logros a la creatividad para mejorar el futuro

La ilusión de la introspección y la vida en modo rándom

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Si a usted ya le parecía sorprendente lo irracionales que pueden ser nuestras decisiones y como nuestras emociones comandan lo que posteriormente justificamos gracias a las habilidades de nuestro cerebro para encontrar argumentos literalmente para cualquier cosa, lea a continuación lo que ocurre cuando ni siquiera tomamos decisiones realmente. 
La ilusión de introspección consiste en el fuerte sentimiento que tiene la gente de que puede acceder a los procesos subyacentes a sus estados mentales. Pero, la mayoría de los procesos mentales son inaccesibles a una interpretación consciente. Sobre esto se encargan unos experimentos del equipo sueco de Petter Johansson, absolutamente contraintuitivos, que desafían nuestro sentido común.
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El estudio principal, publicado en Science en 2005 consiste en lo siguiente. Se muestra a 120 participantes ( 70 de ellos mujeres) un par de fotografías de mujeres y se les pide que elijan la fotografía cuya cara les resulte más atractiva. En unos casos se les pide a continuación que expliquen las razones de su elección, sin más. Pero en un porcentaje de los casos los investigadores hacen trampa, una especie de juego de manos posible de ver en la figura. Cuando el sujeto señala la foto que prefiere, el investigador le da en realidad la foto que no ha elegido, y esconde la que el sujeto había elegido con la manga. Y aquí viene ya una primera sorpresa. Los investigadores dejan diferentes tiempos a los sujetos para pensar: 2 segundos, 5 segundos y tiempo indefinido. En la situación de tiempo indefinido… ¡sólo el 27% de los participantes notan el cambio! La tasa de detección, además, no guarda relación con el parecido entre las caras. Pero nos falta todavía lo más interesante. Se pregunta luego a los sujetos que expliquen la razón de su preferencia. Uno podría pensar que tendrían que ser diferente las explicaciones dadas en el caso de que no haya habido manipulación comparado con los casos en que se ha manipulado la elección del participante. ¡A fin de cuentas le estamos pidiendo al sujeto en la situación manipulada que nos explique las razones de una elección que no ha hecho! Y no, no es eso lo que ocurre…
Los investigadores clasificaron los informes de los participantes en varias categorías que potencialmente podrían diferenciar las comunicaciones verbales de los casos manipulados de los no manipulados y utilizaron evaluadores ciegos. Diferenciaron tres dimensiones: emocionalidad, especificidad y  certeza.  Y resulta que los sujetos manipulados daban sus explicaciones con la misma confianza y el mismo nivel de detalle y de emocionalidad que los no manipulados. Un sujeto explicaba por ejemplo que había elegido la foto de la chica sonriente que llevaba joyas porque estaba radiante, y que se habría acercado a ella en un bar porque le gustan los pendientes. ¡La realidad era que el señor no había elegido a la chica radiante de los pendientes! También es llamativo que al final del experimento les preguntaron a los sujetos engañados: “si usted participara en un estudio donde la foto que usted ha elegido fuera cambiada subrepticiamente, ¿notaría usted el cambio?”. Pues bien, el 84% dijeron que creían que detectarían fácilmente el cambio…
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Los investigadores parafrasearon un fenómeno ya conocido que es la ceguera al cambio (change blindness) y llamaron a este nuevo fenómeno ceguera de elección (choice blindness). Para demostrar que el fenómeno de la ceguera de elección no era específico de la elección de caras se fueron a un supermercado y montaron un stand. Daban a la gente a elegir dos tipos de mermeladas, y después de que el sujeto había elegido le daban una segunda muestra y le pedían que explicara las razones de su preferencia. El truco estaba en que cada jarra de mermelada estaba dividida internamente en dos compartimentos y ,aunque el sujeto veía que le daban la segunda muestra de la misma jarra, en realidad era una mermelada diferente, en algunos casos de sabores totalmente alejados uno de otro. Los resultados mostraron que no pasaban de un tercio los que detectaban el cambio y que sus informes eran igual de confiados y seguros que en el estudio anterior. Hay trabajos parecidos en los que los participantes elegían entre teléfonos móviles con resultados similares.
A inventar historias para rellenar lagunas de memoria se le llama confabular y es algo supuestamente patológico que ocurre en cuadros cerebrales orgánicos, por el ejemplo en el Síndrome de Korsakoff. Pero lo que hacen los participantes engañados en estos experimentos es precisamente eso, fabular, inventar historias a posteriori para explicar  decisiones que no han tomado, aunque no lo hacen por un problema de memoria. Si los relatos de los sujetos manipulados son inventados se nos plantea la duda de si los relatos de los sujetos no manipulados son también puras invenciones, es decir, estos estudios plantean que nuestro estado natural basal es el de confabular, ir inventando historias sobre la marcha para explicar nuestras acciones. Buscamos una explicación verosímil y cuando la encontramos dejamos de buscar. Este fenómeno se parece mucho también al intérprete del hemisferio izquierdo, un concepto de Michael Gazzaniga, procedente de sus estudios con sujetos con hemisferios cerebrales separados entre sí. La teoría de Gazzaniga es que el cerebro humano (el hemisferio izquierdo, para ser exactos) contiene un intérprete, un grupo de redes neuronales especializado en dotar de sentido a la actividad incesante de nuestro propio cerebro, inconsciente y automática en su inmensa mayoría.
Resumiendo, nuestro sentido común nos dice que a la hora de tomar decisiones detectamos los desajustes entre intención y resultado, y que ajustamos nuestra conducta a la vista de un error y nos adaptamos a las circunstancias cambiantes. En estos experimentos vemos que los participantes no detectan esos graves desajustes entre su elección voluntaria y el resultado que se les presenta. Pero, a pesar de ello, dan tranquilamente las razones de por qué hicieron algo que en realidad no hicieron. Como en la vida real no suele haber estos desajustes entre intenciones y resultados, vamos por la vida pensando que accedemos a los procesos subyacentes que motivan nuestras acciones, que tenemos capacidad de introspección, pero estos y otros datos confluyen para transmitirnos la inquietante idea de que en realidad vamos por la vida confabulando, inventando historias que rellenen los huecos que necesitamos rellenar. Vamos por ahí creyendo y contando cosas que en realidad no sabemos, complementada con nuestra dificultad para distinguir realidad de ilusión acerca de lo que vivenciamos… en suma, una narrativa escrita sobre una vida en modo rándom.
Referencias:
Johansson P, Hall L,  Sikström S y Olsson A (2005). Failure to detect mismatches between intention and outcome in a simple decision task. Science, 310, 116-119
Hall L y Johansson P “Using Choice Blindness to study decision making and introspection” in A Smorgasbord of Cognitive Science, ed P Gärdenfors and A Wallin (Nora, Sweden: Nya Doxa, 2008) pp 267-83

Vía Evolución y Neurociencias

Decisiones determinadas por los latidos del corazón

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¿Qué motivó al buen samaritano a cruzar la calle para ayudar a un extraño en peligro? Quizás escuchó su corazón. Y no en el sentido poético sino literalmente. O al menos así lo confirma un curiosísimo estudio.
En práctica, en este experimento se apreció que la percepción de los latidos del corazón influye en las decisiones de índole moral que tomamos. Es decir, cuando a los participantes en el estudio se les dio una retroalimentación falsa que les indujo a pensar que sus corazones latían más fuerte, la mayoría de las personas mostraban comportamientos más positivos y tenían una tendencia a defender las causas justas.
En el experimento participaron 86 estudiantes. Apenas llegaron, se les pidió que probasen un equipo de grabación de los latidos del corazón. Se les colocó un monitor y unos auriculares, solo que por estos se transmitía un sonido falso (60 latidos por minuto y 96 latidos por minuto).
Mientras tanto, se les pidió que leyeran una carta de reclutamiento donde se les proponía que participasen en otro estudio sobre las consecuencias negativas de la discriminación a los homosexuales.
¿Cuáles fueron los resultados?
El 40% de los estudiantes que escucharon su corazón latiendo rápidamente accedió a ofrecer su tiempo. Sin embargo, entre aquellos que escucharon su corazón latiendo a ritmo normal, solo el 17% dio su consentimiento para el nuevo estudio.
Estos resultados motivaron a los investigadores a realizar un segundo experimento. Esta vez reclutaron a 65 estudiantes y, en vez de pedirles que participaran en otro estudio, les pidieron que se involucrasen en un juego donde debían compartir dinero. En este juego simplemente debían darle instrucciones a una persona situada en otra habitación para que eligiese la opción A (que le reportaba beneficios económicos al participante) o la opción B (que reportaba beneficios más lucrativos para la persona situada en la otra habitación).
Una vez más, quienes habían escuchado su corazón latiendo rápidamente mostraron comportamientos más desinteresados (el 69% de ellos eligió la opción B). Al contrario, el 58% de los que escucharon su corazón latiendo a ritmo normal eligieron la opción A.
¿Por qué sucede esto?
Los investigadores piensan que las personas interpretan un latido rápido como signo de estrés y que asumen comportamientos positivos y justos como una forma de escapar de esta situación. Este experimento demostraría la hipótesis de Damasio sobre los marcadores somáticos según la cual, la retroalimentación que recibimos de nuestro cuerpo, determina nuestras decisiones a un nivel no consciente.
Fuente:
Gu, J.; Zhong, C. B. & Page-Gould, E. (2012) Listen to Your Heart: When False Somatic Feedback Shapes Moral Behavior. Journal of Experimental Psychology.
 
Vía Rincón de la Psicología