Varias causas combinadas podrían explicar el declive de colmenas en el mundo

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Nuestra alimentación depende casi en su totalidad de las plantas con flores. Aunque el trigo y los cereales dependen del viento para su polinización, todas nuestras frutas y verduras dependen de la polinización de los insectos y, en su mayoría, esos insectos son abejas y abejorros. Si el número de abejas disminuye la producción agrícola desciende y estos productos se hacen más escasos y caros.
Los expertos señalan que si los polinizadores siguen descendiendo, en los EEUU pronto no se podrá producir todo el volumen de comida necesario para la población y tendrían que importar comida. 
Aunque el problema viene de antes, en los inviernos de los últimos cinco años se han producido pérdidas de un 30% en promedio en las colmenas en los EEUU. Eso significa que los apicultores están perdiendo un tercio de sus abejas cada invierno. En Iowa se han registrado mortalidades superiores, con un promedio de un 54,1% en ese mismo periodo. Es una crisis que se acerca a pasos agigantados sin que parezca que le importe a la mayoría de la gente.
El 30% de la comida consumida en los EEUU, constituida por frutas y verduras, depende de los polinizadores. Por el contrario, la carne de ternera depende de la hierba (en principio) que no necesita polinizadores para prosperar. La carne de pollo tampoco si su alimentación depende grano. El problema de una escasez de polinizadores será mayor en regiones o países en los que la dieta es más vegetariana.
Andrew Joseph, Amy Toth y Mary Harris (Universidad de Iowa) son algunos de los muchos investigadores en todo el mundo que estudian este colapso de las colmenas. Todavía no se han esclarecido del todo las causas de este problema, pero estos y otros científicos apuntan a la existencia de varias causas que lo provocan.
“La gente quiere un sólo factor al que culpar y eso sería estupendo porque podríamos solucionarlo”, dice Toth. “Pero no es tan simple”.
Uno de los factores que parece ser determinante es la presencia de pesticidas, en concreto de los neonicotinoides que se usan popularmente desde los años noventa en la agricultura. Los neonicotinoides pasan a la savia de la planta y los insectos chupadores que forman algunas plagas mueren debido a él. Así por ejemplo, se suele añadir este pesticida a las semillas de maíz cuando se siembra. Lo malo es que estos pesticidas pasan al ambiente y contaminan otras plantas, incluyendo aquellas de las cuales se alimentan las abejas. Harris ha podido demostrar la presencia de este pesticida en el polen de las plantas que recolectan las abejas y la contaminación de plantas aledañas antes mencionada.
Al parecer, durante la siembra, normalmente se usa un sistema que emplea aire a presión y lubricante en polvo para la tarea. Las semillas están recubiertas de pesticida, pero el proceso lo arranca en parte y este pasa al lubricante en polvo que es despedido al ambiente. El polvo traslada estos pesticidas hasta las plantas cercanas al campo de maíz y las contamina durante la floración.
Harris ha podido determinar que los neonicotinoides así extendidos pasan principalmente a las abejas entre el polen se llevan dentro de la primera semana a partir de la cual se hizo la siembra de maíz, para luego decaer durante las siguientes semanas. Aunque el estudio no hace responsable directo del colapso de las colmenas a este pesticida, muestra la exposición de los insectos polinizadores al mismo. El estudio ha sido financiado por Syngenta y Bayer CropScience
Toth sugiere que hay varios factores que contribuyen al colapso. Cada capa de problema deja a los insectos más susceptibles a la siguiente.
Uno de los factores más simples parece ser que es la escasa variedad de plantas disponibles para las abejas. A mayor variedad mejor les va a las abejas, pero la agricultura y la expansión humana han reducido notablemente esa variedad, además de la cantidad. Las abejas tienen cada día tienen menos fuente de polen. La mala nutrición debilita estos insectos y aumenta su vulnerabilidad a virus y pesticidas.
Toth señala específicamente a los virus que portan los ácaros que parasitan a las abejas, cuya frecuencia ha aumentado en años recientes según diversos estudios.
Combinando la mala nutrición, la pérdida de hábitat, los virus y los pesticidas el resultado puede ser el colapso de las colmenas.
Si las abejas desaparecieran completamente del planeta habría grandes hambrunas. La humanidad depende de un insecto tan humilde como la abeja y aún nos esforzarmos y no queremos comprender que los seres humanos no vivimos apartados de los ecosistemas terrestres.

Vía: neofronteras.com

Efecto del horario de comidas en la acumulación de grasa y patologías asociadas

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El mantra que se repite continuamente es que las dietas deben ser bajas en grasas y que se debe comer frecuentemente mientras se esté despierto. Hace algo más de dos años explicábamos que cuándo comes puede ser tan importante como qué comes. Hoy vamos a ver que puede ser incluso más importante. Comer en horarios regulares e incrementar la parte del día en la que se ayuna podría compensar los efectos perniciosos para la salud de una dieta rica en grasas y prevenir de esta manera la obesidad, la diabetes y las enfermedades hepáticas, al menos en ratones. Los resultados los publica el mismo equipo de investigación del Instituto Salk (EE.UU.), esta vez encabezado por Megumi Hatori, enCell Metabolism.
El objetivo del estudio era determinar si la obesidad y las enfermedades metabólicas son una consecuencia efectivamente de una dieta rica en grasas o de la interrupción de los ciclos metabólicos. En esencia, las conclusiones de los autores son que los ratones que vieron limitado su horario de acceso a la comida a 8 horas son más sanos que los ratones que tenían acceso a ella, y comían, durante las 24 horas del día, independientemente de la calidad y del contenido de la dieta.
Los investigadores alimentaron dos grupos de ratones, con los mismos genes, sexo y edad, con una dieta en la que el 60% de las calorías provenía de grasas (como si te alimentaras sólo y exclusivamente de patatas fritas o helado). Un grupo de ratones podía comer siempre que quisiese, consumiendo la mitad de su comida de noche (los ratones son nocturnos) y picoteando durante el resto del día. El otro grupo tenía un acceso temporal restringido (ATR) a la comida a 8 horas por la noche o, visto desde otro punto de vista, ayunaba 16 horas al día. Otros dos grupos de control comieron una dieta estándar con un 13% calorías provenientes de grasas en condiciones correspondientes a cada uno de los grupos primeros.
Tras 100 días, los ratones que comían alimentos grasos a lo largo de todo el día ganaron peso y desarrollaron altos niveles de colesterol y de glucosa en sangre así como daños hepáticos y una disminución del control motor. Por su parte, los ratones ATR que habían ingerido el mismo tipo de comida grasa pesaban un 28% menos y no mostraban efectos adversos en su salud a pesar de ingerir la misma cantidad de calorías que los del otro grupo. No sólo eso, en las pruebas motoras los ratones ATR tenían mejores resultados que los ratones de acceso libre a la comida con dieta normal.
¡Ojo! No debemos caer en la tentación de saltar a la conclusión de que no pasa nada si comemos un montón de comida grasa siempre que después ayunemos. Estos resultados son indiciarios de que el ayuno diario es capaz de combatir los efectos perniciosos de una dieta no saludable hasta cierto punto más o menos significativo. Pero, primero, el estudio está hecho en ratones y, segundo, todo mecanismo de compensación tiene sus límites.

¿Qué ocurre entonces?¿Qué mecanismo es el que entra en acción para que el ATR tenga estos efectos? Durante mucho tiempo se ha asumido que la causa de la obesidad inducida por la dieta en ratones es nutricional (qué y cuánto se come); sin embargo estos resultados ponen de manifiesto que el reparto de la ingesta calórica a lo largo del día podría contribuir también a ella perturbando las rutas metabólicas gobernadas por los relojes circadianos y los sensores nutricionales.

Hígado de ratones con acceso a la comida grasa 24h (izq.) y en ATR (dcha.)

Los investigadores encontraron que el cuerpo almacena la grasa mientras comemos y que comienza a quemarla sólo después de unas pocas horas de ayuno. Cuando comemos frecuentemente el cuerpo está en modo almacenamiento, incrementando el número de células de grasa y células hepáticas, lo que a la larga puede dar lugar a daños en el hígado. En estas condiciones el hígado fabrica continuamente glucosa (el combustible celular), lo que aumenta los niveles de azúcar en sangre. La alimentación ATR, por otro lado, reduce la producción de grasa libre, glucosa y colesterol y hace mejor uso de ellos. Permite el paso al modo consumo, con lo que se disminuye drásticamente el almacenamiento de grasa y se activan los mecanismos de quema de ésta, lo que mantiene sanas a las células hepáticas y disminuye los niveles de grasa almacenada, con lo que se reduce la grasa corporal total.
Los autores también encuentran que el ciclo diario de alimentación-ayuno en ATR activa las enzimas del hígado que rompen el colesterol para formar los ácidos biliares, activando el metabolismo de la grasa parda, un tipo de “grasa buena” que convierte las calorías de más en calor. Por tanto, el cuerpo literalmente quema grasas durante el período de ayuno. El hígado también cesa la producción de glucosa durante varias horas, lo que ayuda a reducir la glucosa en sangre. Los materiales que hubieran ido a la glucosa de más en sangre se emplean en moléculas que reparan las células dañadas y en fabricar nuevo ADN. Esta reparación de células ayuda a prevenir la inflamación crónica que está asociada con el desarrollo de enfermedades cardíacas, algunos tipos de cáncer, los infartos cerebrales e, incluso, el Alzheimer. Hatori et al. han podido comprobar que, efectivamente, la inflamación crónica de grado bajo se ve reducida.
En conclusión, comer en horarios regulares durante el día y ayunar completamente durante la noche podría resultar ser muy beneficioso. Pero habrá que esperar a estudios con humanos para poder afirmarlo con rotundidad.

Referencia:


Hatori, M., Vollmers, C., Zarrinpar, A., DiTacchio, L., Bushong, E., Gill, S., Leblanc, M., Chaix, A., Joens, M., Fitzpatrick, J., Ellisman, M., & Panda, S. (2012). Time-Restricted Feeding without Reducing Caloric Intake Prevents Metabolic Diseases in Mice Fed a High-Fat Diet Cell Metabolism DOI: 10.1016/j.cmet.2012.04.019


Vía Experiencia Docet

Comparaciones…

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Tabitha Vevers - Lover's Eye II

Nos comparamos con los demás cuando pensamos que ellos viven experiencias infinitamente superiores a las nuestras. Cuando percibimos que su vida personal y su vida profesional son mejores que las propias.

Nos comparamos con el pasado cuando consideramos que nuestro presente no está a la altura de todo aquello que hemos vivido a lo largo de nuestra vida. Cuando nos instalamos en el desencanto hacia el presente y en la melancolia en torno a tiempos pasados.

Nos comparamos con la perfección cuando estimamos que nuestra vida no se corresponde con esa imagen ideal que tenemos en la mente y cuando sufrimos por sentirnos lejos de aquellos modelos que asociamos al éxito.

Cuando nos comparamos nuestra cabeza se llena de conversaciones. Conversaciones en torno a las decisiones tomamos en el pasado y que nos alejaron de ese estado óptimo. Conversaciones sobre las acciones que podemos tomar en el futuro si estamos a tiempo de poder alcanzarlo. Nos obsesionamos con las alternativas que desaprovechamos en su día y con las posibilidades que se nos pueden abrir en el futuro

Sin embargo, en ambas ocasiones nos alejamos del presente. Dejamos de disfrutar todo lo que hemos conseguido y negamos las experiencias que sí están a nuestro alcance. Por si fuera poco, corremos el riesgo de adentrarnos en un estado mental negativo que nos lleva la insatisfacción, a la envidia y al resentimiento.

Las comparaciones forman parte de nuestra naturaleza humana. Es posible que la cola de al lado sea más rápida, o que el césped sea más verde al otro lado de la valla. Pero no se obsesione: nuestra tendencia a compararnos puede impedirnos apreciar aquellos regalos que sí nos ha concedido la vida. Y convertirnos en personas tremendamente infelices. 

Vía: Cartografía Emocional

¿Hacer cosas buenas nos da permiso para hacer otras que no lo son tanto?

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Quien no se dijo alguna vez “Me merezco comer este chocolate después de todo lo que hice”, o “Con lo bien que me manejé en esa reunión, puedo permitirme contestar mal: no tengo que ser perfecto” o “Caminé 20 cuadras, puedo comer una porción extra”.
 
Todos estos permisos que solemos darnos han sido objeto de investigación, ya que al parecer tienen una relación estrecha con acciones anteriores que hayamos realizado y consideramos positivas.
 
Una de estas investigaciones es la que se realizó en la Universidad Nacional Sun Yat-Senn de la Republica de China con un grupo de voluntarios. Todos eran fumadores, quienes debían responder a un cuestionario con preguntas que eran irrelevantes para el estudio ya que el mismo se basaba en ver qué sucedía con los participantes si antes habían realizado algo que consideraran positivo o beneficioso.
 
Antes de responder al cuestionario, todos los participantes tomaron un comprimido que era de azúcar. A la mitad de ellos se les informó la verdad y, a la otra, se le comunicó que se trataba de una dosis de vitamina C.
 
Asimismo, los investigadores les permitieron fumar mientras realizaban el cuestionario para que pudieran sentirse más tranquilos. Sin ninguna sorpresa, los científicos observaron que tal como lo esperaban los voluntarios que habían ingerido la supuesta dosis de vitaminas fumaron el doble de cigarrillos.
 
Wen-Bin Chiou, uno de los profesionales, consideró que de forma consciente, o inconsciente, quienes habían pensado que habían realizado anteriormente un acto saludable se permitieron fumar más.
 
Otro estudio de Bin Chiou, publicado en Psychological Science, y que aportó información sobre este tema, fue el realizado con un grupo de voluntarios a los cuales se los dividió en dos partes. A un grupo se le informó que tomaría un complejo multivitamínico y, al otro, un placebo, aunque la realidad fue que todos tomaron un placebo. Luego se siguió un registro con las conductas diarias de cada uno de los participantes.
 
Los resultados presentaron que aquellos que creyeron haber tomado el suplemento se sintieron invulnerables ante posibles riesgos en su salud y esto los llevó a realizar actividades más riesgosas, a cuidarse menos, a no hacer ejercicios o a disminuir sus sesiones de caminatas. A su vez,  ante la presencia de comidas sanas, productos orgánicos o un bufett de quesos y fiambres, la mayoría optó la comida menos sana.
 
Una nueva experimentación, liderada por Nina Mazar en la Universidad de Toronto, presentó la relación que existe entre los productos ecológicos y los consumidores. En el misma se observó que la mera exposición a productos ecológicos llevaba a las personas a actuar de un modo más altruista, que ante la exposición a productos tradicionales. Sin embargo, las personas actuaron de un modo menos altruista y con mayor tendencia a hacer trampas, después de comprar productos ecológicos, algo que no fue igual ante la compra de productos convencionales. Para Mazar, los estudios mostraron que el consumo está también conectado a los comportamientos sociales y éticos mucho más de lo que se pensaba.
 
Si bien todos los trabajos científicos necesitan de otros nuevos para confirmar y comprender sus resultados, con lo visto hasta el momento ya podemos poner en acción nuestra inteligencia reflexiva y preguntarnos: ¿Alguna vez me pasó? ¿Me doy permiso para actuar con menos valores, si he realizado cosas durante el día que considero positivas o buenas? ¿Me creo con derecho a no actuar con respeto, si como más sano que otros? Si la respuesta es sí, debemos poner en marcha nuestra capacidad de auto-observación; una capacidad primordial para crecer como mejores personas y, así, ajustar nuestros pensamientos justificadores, que siempre encuentran una razón para ayudarnos a no cambiar. Esta sensación de “me lo merezco” o “me lo gané” debería pasar por una evaluación más equitativa y reflexiva. Antes de actuar, deberíamos preguntarnos: ¿Me gané el derecho a no ser amable, debido a que actué bien en una reunión? o ¿Me merezco cuidarme menos porque tomé vitaminas?
 
Seguramente, luego de estas preguntas seremos más conscientes y la toma de decisiones que hagamos será mejor. En el caso de que no pudiéramos actuar de mejor manera, al menos habremos dado un gran paso, ya que sabremos que hacemos algo que no está bien y ése será el principio que me impulsará al cambio.
 
Fuentes:
  • Psychological Science - Ironic Effects of Dietary Supplementation -Illusory Invulnerability Created by Taking Dietary Supplements Licenses Health-Risk Behaviors - Wen-Bin Chiou, Chao-Chin Yang and Chin-Sheng Wan.
  • University de Toronto - Do Green Products Make Us Better People? Nina Mazar and Chen-Bo Zhong.
  • Investigación y ciencia - Edición española de Scientific American.

 

Vía Asociación Educar

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Documental “Retornando a la fuente. Filosofía y Matrix”

Documental inspirado en la exitosa película de los hermanos Wachowski y que enfoca el universo Matrix, desde una visión y análisis filosófico que aborda preguntas tan trascendentales como Quiénes somos, Dónde estamos, Existe el Libre Albedrío, Qué es nuestra “realidad”, Ilusión y Verdad?

Pornografía y descivilización. Cómo está afectando el “gran experimento porno” a los jóvenes

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imageImagen: Wikipedia
Aunque la pornografía tiene una vieja historia, y las prensas holandesas del siglo XVII ya hacían negocio distribuyendo libros obscenos por toda Europa, la normalización de la pornografia de masas, y en particular del porno digital, es una de las consecuencias modernas de la llamada a veces “revolución sexual” que ha conseguido erosionar algunas de las restricciones morales tradicionales sobre la expresión sexual.

En parte, sin embargo, el protagonismo de la moral tradicional en la crítica de la pornografía ha sido sustituido recientemente por la crítica feminista. MacKinnon y Dworkin en especial definieron la pornografía como “la subordinación gráfica y sexualmente explícita de las mujeres a través de imágenes y palabras“, “una forma de sexo forzado, una práctica de política sexual y una institución de la desigualdad de género”.

De acuerdo con el análisis feminista, el daño de la pornografía sobre los hombres y los chicos no es sólo invisible o inexistente, sino que la misma pornografía es definida como una institución “patriarcal” que explota sistemáticamente a las mujeres en beneficio de los hombres. La pornografía “contribuye causalmente a actitudes y conductas de violencia y discriminación” sistemáticamente dirigida contra las mujeres, nunca contra los hombres.

Este planteamiento se ha convertido casi en sabiduría convencional, pero se enfrenta con problemas importantes.

Las estrellas del porno son más felices 

En primer lugar, la afirmación de que la legalización de la pornografía influye causalmente en el aumento de crímenes sexuales, y de violaciones en especial, no ha podido ser probada contundentemente. Una síntesis de la cuestión publicada en 1999 de hecho llegó a la conclusión contraria de que el “incremento masivo en la pornografia disponible en Japón, los Estados Unidos y otros lugares está en correlación con un decrecimiento dramático de los crímenes sexuales y más aún entre jóvenes como perpetradores y víctimas”. Por lo que yo he podido averiguar, en cualquier caso no hay un claro consenso sobre la relación causal entre pornografia y delitos sexuales.

La idea de la pornografía como “explotación” patriarcal de las mujeres tampoco soporta el escrutinio empírico. Un estudio reciente (Griffith et al. 2012), que ha recibido una gran atención en los blogs y la prensa popular, cuestiona seriamente el estereotipo público de que las mujeres, o al menos las que participan activamente en la industria sexual, son “bienes dañados” por la pornografía. Comparadas con el grupo de control, las 177 profesionales femeninas del porno en este estudio no mostraron haber sido más vulnerables a abusos sexuales infantiles, y de hecho informaron de una mayor autoestima personal, sentimientos positivos, apoyo social, “espiritualidad” y satisfacción sexual. Significativamente, resultados similares también se han documentado en profesionales masculinos. Tanto los hombres como las mujeres que se dedican profesionalmente al porno, al menos en su versión más comercial (las cosas podrían ser bastante distintas en formas de porno extremo), parecen ser más “sociosexuales” y tener un mayor grado de satisfacción vital.

Otra cosa son los efectos potencialmente adversos de la pornografía en los consumidores, especialmente en los hombres y en los chicos en el mundo del porno masivamente disponible, a la distancia de un sólo “clic”.

El “gran experimento porno” 

Hay distintas evidencias de que, de hecho, los chicos son más vulnerables a la pornografía masiva. Y la razón básica es que los chicos están mucho, mucho, mucho más interesados por el sexo en general. Los hombres se masturban más que las mujeres, rechazan menos ocasiones sexuales y están más motivados para el sexo casual (para una síntesis: Baumeister et al. 2001), especialmente con mujeres más jóvenes que ellos. Se ha propuesto informalmente el término “koreogamia”, del griego kore, doncella, para describir esta preferencia. Experimento casual: ¿a algún hombre no le agrada la chica que aparece en la portada en este post? ¿Cuántos rechazarían la ocasión de sexo casual con ella?

Claramente, la industria pornográfica satisface algunas de estas preferencias masculinas naturales, o las suplanta, aunque sus efectos no son inocuos. 

Al intentar explicar las causas sobre el “declive de los chicos”, visible en el aumento del fracaso escolar masculino en los últimos años, o en el apreciable deterioro de las relaciones íntimas, el psicólogo Philip Zimbardo señala directamente como causas al exceso de uso de internet, de los videojuegos y la pornografía. Tanto los videojuegos como la pornografía operan como “drogas de excitación” basadas en la novedad y se calcula que un chico promedio ve alrededor de 50 videos pornográficos cada semana.

Otro psicólogo, Gary Wilson, considera que la masiva disponibilidad de pornografía a través de internet hace que estemos viviendo un “gran experimento porno”. La razón es que no existe ningún “grupo de control” con el que comparar los efectos diferenciales de la pornografía: virtualmente todos los chicos con acceso a internet buscan pornografía a partir de los 10 años de edad. Por esto no podemos estar del todo seguros sobre cuáles son específicamente los efectos del porno, si bien existen ya evidencias sobre los efectos de la pornografía en casos de disfunción eréctil.

Eso sí, sabemos que el éxito del porno basado en novedades excitantes no es “cultural”, descansa en un mecanismo biológico ancestral, descrito en casi todos los mamíferos, el “Efecto Coolidge”, de acuerdo con el cual “los machos (y en menor medida las hembras) “exhiben un interés sexual renovado si se les presentan nuevas compañeras sexuales receptivas”. Sin este efecto evolutivo, el porno digital no existiría.


imageGary Wilson: “En diez minutos, cualquier usuario de internet puede ver 
más tias buenas que cualquier antepasado suyo en varias vidas. El 
problema es que sigue teniendo un cerebro de cazador recolector”
Wilson piensa que el consumo de porno podría ser algo así como una versión extrema de las recompensas naturales capaces de secuestrar los circuitos de nuestro cerebro, llegando a erosionar seriamente nuestra fuerza de voluntad localizada en la corteza prefronal, de un modo paralelo a las demás adicciones.

Dado que prácticamente no existe un grupo de control “natural” de hombres que no consumen pornografía, el único modo de comparar los efectos adversos de la pornografía, en un contexto de disponibilidad masiva, es ver cómo les va a los chicos que deciden abandonar el consumo voluntariamente. En internet ya hay distintos foros de personas “libres de pornografía”. Y, por lo menos para algunas, el experimento a la contra parece estar funcionando.


Referencias: 

Baumeister, RF, Catanese, R, Vohs, KD. (2001) Is There a Gender Difference in Strength of Sex Drive? Theoretical Views, Conceptual Distinctions, and a Review of Relevant Evidence. Personality and Social Psychology Review. Vol. 5, No. 3, 242–273


Griffith JD, Mitchell S, Hart CL, Adams LT, & Gu LL (2012). Pornography Actresses: An Assessment of the Damaged Goods Hypothesis. Journal of sex research PMID: 23167939

 

Vía La Revolución Naturalista

 

Los hombres serían menos empáticos que las mujeres porque se inhiben

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Numerosos estudios han demostrado que las mujeres experimentan mayores niveles de empatía que los hombres. Por primera vez, investigadores de la UNED han analizado si estas diferencias responden a que ambos tengan un modelo mental diferente para desarrollar esta capacidad. 

“Los análisis muestran que la estructura de los factores psicológicos que componen la empatía resulta idéntica en ambos géneros, es decir, hombres y mujeres entienden la empatía de manera semejante”, explica Begoña Delgado, investigadora de Psicología Evolutiva y de la Educación de la UNED y una de las autores del trabajo, en la información de divulgaUNED

No obstante, “seguimos encontrando que ellas siguen siendo mucho más sensibles a manifestar esta experiencia”, añade Delgado. De esta forma, el estudio revela que las mujeres muestran mayores niveles en todos los rasgos que componen la empatía, salvo en la impasibilidad. 

El trabajo, publicado en la revista Child Psychiatry & Human Development, se llevó a cabo con 721 adolescentes españoles, de entre 9 y 16 años, de colegios públicos y concertados de la Comunidad de Madrid. 

A todos ellos se les aplicó la herramienta más utilizada para medir la empatía, el Interpersonal Reactivity Index, que evalúa tanto sus aspectos mentales –entender cuál es el punto de vista del otro– como emocionales –la capacidad de sentir lo que experimenta la otra persona–. 

“La impasibilidad es el único factor de primer orden capaz de discriminar entre hombres y mujeres”, añade la investigadora. Así, este rasgo es mucho más informativo sobre el género de la persona evaluada que la información que se pueda recabar sobre cualquiera de los factores positivos que componen la empatía, como son la empatía virtual, intelectual, emocional positiva y emocional desorganizada.
De la falta de empatía al acoso escolar 

Este papel de la impasibilidad podría suponer que las diferencias de género en cuanto a empatía se deban más a la posibilidad de inhibir los factores que la desencadenan –y que hacen a la persona ser más indiferente– que a los factores que permiten experimentarla. 

En el origen de la inhibición estaría tanto el tipo de educación que reciben niños y niñas como diferencias relacionadas con el funcionamiento endocrino y neurológico de ambos, entre los que se incluye el temperamento. 

“El resultado puede estar muy relacionado con los mayores niveles de conductas antisociales y agresivas que se dan en los varones y que son incompatibles con la empatía”, sugiere Delgado. 

Un ejemplo son los episodios escolares de acoso escolar (bullying), que se producen cuando no existe empatía. “Si el otro no te importa lo utilizas en tu propio beneficio o para divertirte”, indica Victoria del Barrio, investigadora de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la UNED y otra de las autoras del estudio. 

En vista de estos resultados, los investigadores proponen que se preste especial atención a conductas en niños que puedan alertar sobre niveles excesivos de impasibilidad.
Referencia bibliográfica: 

Francisco Pablo Holgado Tello, Begoña Delgado Egido, Miguel A. Carrasco Ortiz, M. V. Del Barrio Gandara.Interpersonal Reactivity Index: Analysis of Invariance and Gender Differences in Spanish YouthsChild Psychiatry & Human Development (2013). DOI 10.1007/s10578-012-0327-9